7.4.14

EL DIOR DE RAF SIMONS, UNA PARANOIA

Tengo un debate de un tiempo a esta parte que gira entorno al Dior de Raf Simons. Si hasta hace poco todo el mundo se maravillaba con los espectáculos que Galliano preparaba para la maison y sus shows eran de los más esperados de Paris Fashion Week, parece que poco a poco la masa cercana a la moda (que no la insider) da la espalda al lavado de cara que el diseñador belga le ha proporcionado a la firma.

Se supone que Simons mola fuera de Dior, pero el debate está dentro de Dior, que es lo que ha generado tanta disrupción. ¿Era él el adecuado para asumir la batuta de la nueva dirección creativa? Después de mucho mirar (por delante, por detrás, de costado y desde cualquier ángulo posible) y de atravesar también la etapa de rechazo y de “no me gusta, dónde está el Dior de siempre” (si es que alguna vez supimos qué era "El Dior de siempre" después de la muerte de Christian Dior), creo que por fin he entendido lo que Simons nos quiere decir:

¿Y si Raf Simon estuviera creando la precuela del Christian Dior de 1946 en lugar de una secuela más?


Me explico. ¿Y si Simons estuviera volviendo a un Dior imaginario anterior al nacimiento de la casa Christian Dior, es decir, a Miss Dior y no a la Mrs. Dior creada por el maestro del New Look a mediados del siglo pasado? ¿Y si estuviera intentando imaginar a la mujer Dior que todos tenemos en mente pero en su época universitaria, acto que al fin y al cabo era toda una revolución en los años 40 (y uno de los puntos que el belga dejó abiertos antes de su salida en Jil Sander)?

Ahora bien, y aquí viene mi paranoia. El resultado de esta creación no estaría protagonizado por una chica que va a una universidad de mitad del siglo XX, sino a una actual, porque estamos en el XXI. Algo así como si nos encontráramos en un limbo entre pasado y futuro del que hubieran extraído a esta supuesta Miss Dior de los 40 y, con su actitud avanzada para la época, se vistiera con la distinción que se le presupone para ir a clase en nuestra era.


Si habéis llegado hasta este punto, gracias y enhorabuena, porque ahora es cuando expongo las pruebas de las que dispongo para agarrarme a esta teoría sobre el Dior de Simons:

- Ha vuelto a la denominación nombre+apellido de la marca, ‘Christian Dior’ (o al menos así se refleja en las webs de referencia), cuando por lo general se elimina el nombre del creador cuando fallece para dejar sólo el apellido.

- Ha subido el talle de la Chaqueta Bar varios centímetros para hacerla más sexy (redescribe la construcción de las prendas como hizo monsieur Dior en su momento -de confeccionarlas a partir de los hombros según los códigos de los 40 a hacerlo a partir del talle- y como volvió a cambiar Saint Laurent al heredar la dirección creativa de la casa -del talle como centro de la prenda a los hombros-).


- Ha incrementado el uso del pantalón. También en la alta costura, generalmente plagada de faldas/vestidos.

- La elección de referentes mucho más jóvenes y alejados de la estética Dior tradicional para las campañas (Jennifer Lawrence, Eddie Campbell) en contraposición de rostros más maduros (Marion Cotillard, Stella Tenant). La continua lucha entre pasado y presente. Lo que eras y lo que serás. Miss Dior vs. Mrs Dior.



- Las prendas se muestran “tiradas” sobre las modelos, incluso en la costura, lo que puede verse como una pérdida de los valores del lujo. Pero ¿y si fuera ésta una forma de remover ese círculo tan estricto y restablecer las bases del lujo tradicional, en el que prima la buena factura, la vanguardia y la artesanía frente a la espectacularidad? Al fin y al cabo es lo que hizo Christian Dior creando el New Look, revolucionar, utilizó infinidad de metros de tela en tiempos de crisis y volvio a la silueta ultra-femenina ligeramente encorsetada de la que se habían librado las mujeres a principios de siglo.

- Prendas que aportan poder interno a quien las lleva y permiten desarrollar la personalidad hacia fuera. Dar más importancia a cómo se siente uno mismo cuando las lleva puestas que a la reacción que éstas puedan provocar en los demás cuando vean que las llevas puestas. Una cuestión de infringirse verdadero autoestima en lugar de generar una fachada de autoestima (posiblemente) inexistente de cara a la galería. Simons trabaja mucho más los bordados y aplicaciones en los interiores que se intuyen con el movimiento, por algo será…


- Si nos centramos en las colecciones, nos encontramos con elementos college reincidentes y trabajados con estampados clásicos de la casa que combinan de forma "incoherente", con mensajes reivindicativos impresos en los vestidos a modo de pancarta… ¿Acaso no se generaron en las universidades los mayores movimientos revolucionarios que, otra vez, nos remiten a al revolución del New Look de Dior?

Y ahora, después de todo este rollo (ya llevamos una hora de ponencia, queda poco), mi debate: ¿Raf Simons nos está vendiendo la moto o realmente tiene una idea clara y va a por ella? ¿Está trasladando bien la marca a la calle? ¿Puede que sea este el punto por el que la gente no lo entiende? ¿Está contextualizando mal su precuela de la Miss Dior universitaria?

Generalmente, la mujer que compra Dior no es universitaria, sino una mujer madura y con buena capacidad económica. Pero ¿acaso no quieren estas diorettes poseer de por vida una cintura de avispa universitaria y la eterna juventud? Ahí está la clave. El rejuvenecimiento de la marca se ha alcanzado, ahora bien, quizá las formas de Simons, bastante liberadas para lo que era Christian Dior aunque continúan modificando la silueta femenina, son demasiado vanguardistas para el público que realmente efectúa la compra final.


Me explico de nuevo. Si trazamos una línea en las siluetas del Dior de Simons, siempre existe una exaltación de las curvas de forma pronunciada; por ejemplo, apliques en las caderas de grandes solapas a modo de bolsillo y cinturón ciñendo bien la cintura, o como en la última colección, ballenas que dan volumen en la cintura simulando un corsé. Esto puede traducirse como el deseo de las universitarias, de esa Miss Dior, de ser algún día una mujer de verdad, de esas con curvas por las que el sexo contrario suspira y ejercen su “poder” físicamente seductor.

La pregunta es, ¿va a vender Simons a estas maduritas (que se presumen con un gusto que trasciende la propia moda) esa exaltación exagerada de las curvas (que ya tienen) bajo la premisa de que sus universitarias ficticias (que a ellas les gustaría volver a ser) desean tenerlas algún día? Simplificando, ¿va a vender más curvas a mujeres que ya tienen curvas y lo que quieren es disimularlas?


¿Existe en este caso una verdadera disfuncion entre creatividad y traslado al punto de venta? ¿Es todo una paranoia mía? ¿Qué nos quieres decir, Raf? En lo que consigo preguntárselo en persona, seguiremos observando.

Take care,

Javo

1 comentario:

  1. Hola cielo !
    He encontrado tu blog a través de instagram !!
    Me encanta y me quedo por aquí como seguidora
    Besos
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