Hay veces que nos levantamos y pensamos: ‘Qué pereza de día se presenta, ojalá…’. Y ese ‘ojalá’ viene seguido de muchos: ‘estuviera en’ e ‘hiciera tal’. Por lo general no pongo límites a la imaginación, que es el único lugar donde nos podemos permitir ese lujo y eso me lleva a, en esos días perezosos, visualizar auténticas utopías imposibles de hacerse realidad. 
¿Cómo sería un día más que utópicamente perfecto para ti? Yo me he planteado esta pregunta y ya tengo la respuesta. ¿Me acompañas en mi fantasía? Chan, chan, chan…
Todo día comienza con el despertador. La melodía que me sacara del más dulce sueño sería The Edge of glory de Gaga, pero para variar, no lo pararía, seguiría sonando la canción mientras me duchara.
No soy una ‘morning person’ así que por ahora, cuanto menos ajetreo mejor. Ya habría quedado con una amiga para ir a Starbucks a recoger mi tall coffee Frapuccino with cream on it y dirigirnos a Mi calle de NY (C/Barquillo, 39), centro de manicura y pedicura en Madrid del que soy fan.
El Frappu nos lo tomaríamos tranquilamente paseando por la calle, porque haría una mañana veraniega muy agradable.
Una vez que hubiéramos llegado a mi Nails Salon preferido, allí nos haríamos el tratamiento Hot Jelly Pedicure que ofrecen y una buena manicura.


El color que elegiría para lucir durante esa semana, sería el nuevo tono Aloha 638 de Dior, muy Hawaiiano…

Hasta aquí todo muy normal, ¿verdad? Os preguntaréis que por qué esto puede ser utópico para mí, pero lo que no sabéis es que mi día continúa… He quedado, después de hacerme una perfecta mani and pedi, en la calle Old Bond Street de Londres con un par de amigas más para irnos de compras. Sí, ¡en Londres!

Las mejores tiendas, los mejores diseñadores se reúnen en esta fabulosa calle para que te deleites no sólo con las últimas propuestas de las mentes más artistas, sino con el increíble trabajo que desempeñan para decorar los escaparates. Todo al gusto del cliente más exigente.

Ya hemos hecho algunas compras, pero no muchas, porque nos hemos reservado para algunas tiendas del mejor centro comercial del mundo. El Fashion Show Mall de Las Vegas, en el que aparecemos sin más. Allí nos dirigimos a las gangas de Forever 21, los bolsos Coach y los jeans Abercrombie. Y sin quererlo ni beberlo, pasamos de la lluvia londinense al desierto veguense.

OMG! Las compras dan mucho hambre. ¿Dónde comemos? (…) ¿Qué mejor lugar que en la Tour Eiffel? Rumbo: París. El Restaurante ‘58 Tour Eiffel’, antes conocido como ‘Altitud 95’, va a ser donde disfrutemos de una buena comida tradicional francesa con las mejores vistas de la ciudad…

¿Hemos retomado fuerzas? Vamos a comenzar a endulzar la tarde que se avecina pues. Bajamos de Eiffel y no nos movemos de la ciudad del amor, nos vamos a tomar un capuccino a Ladurée. ¿Lo acompañamos con macaroons?


Risa por aquí, risa por allá, conversación filosofal por el otro lado… En París hace un día un poco gris y no nos apetece pasear más. La mejor opción, considerando que llevamos el tono aloha en manos y pies, es ir a lucirlo al sitio adecuado: ¡Hawaii!
En la isla Maui nos espera el hotel Grand Wailea. Playas paradisíacas, cócteles bajo las palmeras, spa y piscina. ¿Qué más se puede pedir?

Literalmente, no se puede estar más relajado… Ha llegado el momento de subir a la habitación, darse una ducha y arreglarse, pues va cayendo la noche en Nueva York y allí me están esperando…

De punta en blanco me espera el chico. He dejado a mis amigas en Hawaii para reencontrarnos después en La Fiesta. Pero la cena es reserva para dos. ¿Dónde nos vamos? Ya que el día no da para más, mezclamos culturas y nos vamos a uno de los mejores restaurantes italianos de la gran manzana Ai Fiori, en plena 5th avenue, a degustar Risotto, que me apetece.

Tras el postre, dejo espacio para los últimos cócteles, que nos tomaremos en el Soho House, ¡pero no el de Nueva York! Nos vamos directos a West Hollywood, ¡en Los Angeles! Allí subimos al Club Bar donde nos están esperando ya todos nuestros amigos.


Hablamos, reímos, bailamos, hacemos el memo en definitiva… Y cuando ya los Blahnik me piden descanso, no nos lo pensamos y decidimos ver amanecer en la playa. En la playa de Santa Mónica concretamente.

Y ya me quedaría allí de esta guisa unos días para recuperarme del jet lag, que si no me caigo al suelo y eso:

¿Me subo a la parra verdad? Lo sé, pero soñar es taaaan gratis… ¡ Y nadie descarta por otra parte que pueda hacer todas estas cosas en diferentes momentos vitales! ¡¡Y vosotros también!!
Y ahora mirad otra vez mi cara en la última foto.
Take care,
SiL